jueves, 28 de diciembre de 2017

Otro fragmento de "El nombre de la rosa"

- Pero, ¿por qué los que poseen esa ciencia no la comunican a todo el pueblo de Dios?-

-Porque no todo el pueblo de Dios está preparado para recibir tantos secretos, y a menudo ha sucedido que los depositarios de esta ciencia fueron confundidos con magos que habían pactado con el diablo, pagando con sus vidas el deseo que habían tenido de compartir con los demás su tesoro del conocimiento. [...]-

-¿Temes, pues, que los simples pueden hacer mal uso de estos secretos? -preguntó Nicola.

-En lo que se refiere a los simple, sólo temo que se espanten, al confundirlos con aquellas obras del demonio que con excesiva frecuencia suelen pintarles predicadores [...]. A menudo los tesoros de la ciencia deben defenderse no de los simples sino de los sabios. En la actualidad se fabrican máquinas prodigiosas, de las que algún día te hablaré, mediante las cuales se puede dirigir verdaderamente el curso de la naturaleza. Pero, ¡ay!, si cayesen en manos de hombres que las usan para extender su poder terrenal y saciar sus ansias de posesión. Me han dicho que en Catay, un sabio ha mezclado un polvo, que en contacto con el fuego, puede producir un gran estruendo y una gran llama, destruyendo  todo lo que está a su alrededor a muchos brazas de distancia. Artificio prodigioso para desviar el curso de los ríos o deshacer la roca cuando hay que roturar nuevas tierras. Pero ¿y si alguien lo usa hace para hacer daño a sus enemigos?-

-Puede ser bueno si se tratara de enemigos del pueblo de Dios- dijo devotamente Nicola
-Quizás- admitió Guillermo-. Pero ¿cuál es hoy el enemigo el pueblo de Dios? ¿el emperador Ludovico o el papa Juan?-
-¡Oh señor!- dijo asustado Nicola -¡No quisiera tener que decir yo sólo un asunto tan doloroso!-

-¿Ves? A veces es bueno que los secretos sigan protegidos por discursos oscuros. Los secretos de la naturaleza no se transportan en pieles de cabra o de oveja. Dice en el libro de los secretos de Aristóteles que cuando se comunican demasiados arcanos de la naturaleza y del arte se rompe un sello celeste, y que ello puede ser causa de no pocos males. Lo que no significa que no haya que revelar nunca los secretos, sino que son los sabios quienes han decir cuándo y cómo. [...] Tratándose de arcanos capaces de engendrar  tanto el bien como mal, el sabio tiene el derecho y el deber de utilizar el lenguaje oscuro, solo comprensible por sus pares. El camino de la ciencia es difícil, y es difícil distinguir en él lo bueno de lo malo. Y muchas veces los sabios de estos nuevos tiempos son sólo enanos subidos en hombros de otros enanos.

2 comentarios:

  1. Ufff... ¡está buenísimo! A mí me encantó el NdlR como obra de ficción; tiene un montón de cosas que me hacen dudar acerca de la postura de los medievales, pero más allá de la exactitud histórica, sí tiene reflexiones súper interesantes. En este caso, como siempre, se me ocurren varias cosas:
    1. ¿Cómo discernir hasta qué punto se debe o no compartir los saberes? Sé que la prudencia llama a ser cautelosos, pero la humildad también llama a compartir (en caso de que sea uno la bestia o el nazi)
    2. Como siempre, en el caso de la teología, la cosa se pone más complicada: alguna vez Albertico Hadad me dijo que había profesores del Seminario Mayor que consideraban que algunos aspectos de la fe «del pueblo» eran cosas que se habían superado, que ellos como profesores sabían falsas, pero que igual se enseñaban así a la gente para evitar escándalos. A Alberto le pareció tenaz (y a mí también, obviamente), y hoy en día lo relaciono con el debate entre Dawkins y Remolina, pues en medio de las discusiones, el británico distinguió entre lo que creen los «sofisticated theologians» y lo que cree la gente, y criticó que hubiese tanta diferencia entre ambos.
    3. No sé si estás de acuerdo, pero a medida que voy avanzando en la vida (uno ya tiene una edad), me voy dando cuenta de que la idea según la cual los adultos saben lo que hacen resulta, en realidad, una vil ilusión. De pequeño uno jura que los papás son papás precisamente porque saben lo que hacen, que los adultos están a cargo de las cosas porque obviamente saben lo que hacen, pero pasa el tiempo y resulta que todos estamos igual de perdidos y que aún los adultos son niños en la medida en que se mueven en más incertidumbres y preguntas que en certezas... lo digo por aquello de «enanos subidos en hombros de otros enanos», porque pienso que no es solamente la situación de algunos, sino de todos. Creo que todos somos enanos: cada vez me voy convenciendo más de que crecer, hacerse adultos, no es perder las incertidumbres, sino saber vivir con ellas (hp...).

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  2. 4. Otro tema que se me ocurre es el de la responsabilidad socio-cultural del científico: aunque los saberes científicos de suyo no sean buenos o malos, abren a acciones que sí lo pueden ser. Ejemplos hay miles en la historia de buenos científicos —algo ingenuos— que probablemente se preguntaron cosas como «Pero ¿qué tiene de malo que desarrolle esta manera de clasificar a las personas por raza?» o «Nooo, no creo que nadie sea capaz de hacer estas trepanaciones en otros seres humanos». En uno de los textos que usé para mi curso de Ciencia y filosofía (Frank, "Filosofía de la Ciencia", Cap. 15), hablan de las razones extra-científicas para aceptar teorías científicas. Me pareció interesante porque es un discurso que, desde la ciencia, reconoce la importancia de una discusión ética (filosófica) del asunto. ¿Crees que el gremio científico sea consciente de eso hoy?

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